Historia Militar de España.
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Para darla a conocer.
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Conocimientos Básicos sobre la Artillería
Daoiz



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Conocimientos Básicos sobre la Artillería.

El cañón moderno de retrocarga data de 1880.

La cureña de campaña básica, con sistema hidro-neumático de retroceso, miras sobre la cureña, cartucho con vaina de metal y aptitud general para el disparo rápido, data también más o menos de principios del siglo XX.

El primer conflicto bélico importante en el que hallaron empleo estos tipos de armas fue la guerra de 1914-18.

En la primera GM, la artillería técnica apenas había salido de sus pañales. En la táctica seguía actuándose con arreglo al principio de «disparen cuando lo ordene con mi sable», y las exigencias de los artilleros más previsores iban muy por delante de las posibilidades de los fabricantes de cañones.

Al declararse la Segunda Guerra Mundial se habían hecho grandes adelantos técnicos en construcción, táctica, maniobra, comunicaciones y pericia general, de forma que, mientras que la Primera Guerra Mundial se considera como una guerra de artillería, y con razón, puesto que en algunas de las principales batallas había tanto apoyo artillero que un tercio de las tropas empleadas eran artilleros, en la Segunda Guerra Mundial se produjo realmente la culminación de seiscientos años de trabajo especializado.

La Segunda Guerra Mundial fue la edad de oro de la artillería; nunca se verá de nuevo tal diversidad de piezas, como tampoco volverá a desempeñar la artillería un papel tan importante en una guerra; nunca se pondrá tanta inteligencia y habilidad a disposición de los artilleros como en la década que terminó en 1945.

Por esta razón, merece la pena un repaso del desarrollo y del material de la artillería en la Segunda Guerra Mundial; de la que la Artillería Española sw nutrio a posteriori nunca veremos otra semejante.

Los civiles y legos en la materia acusan frecuentemente a los militares de prepararse para la guerra anterior, en lugar de para la próxima, aunque es difícil saber qué otra cosa pueden hacer, dada la imposibilidad de adivinar el futuro.

Más honrado sería decir que el soldado está intentando siempre modificar sus técnicas normales a la luz de las últimas lecciones disponibles y de los presupuestos estatales.

La Primera Guerra Mundial había enseñado al artillero varias lecciones nuevas.

El tiro de barrera con infantería exigía mayor exactitud que la artillería de campaña, lo que llevó a estudiar las relaciones entre el desgaste del tubo, producido por los disparos, y la velocidad y precisión del proyectil.

Fue preciso asimismo estudiar el efecto del viento, de la temperatura, de la presión barométrica, de la humedad y de otras circunstancias sobre la trayectoria del proyectil.

Las condiciones de la guerra en el frente occidental habían planteado nuevos problemas de comunicación y control, de suerte que el fuego directo contra objetivos vistos desde la pieza era la excepción en lugar de la regla. Había aparecido el avión, no sólo como blanco sino también como posible auxiliar de la observación.

El carro de combate planteaba asimismo un problema como objetivo, al tiempo que prometía proporcionar al cañón una mayor movilidad.

Hay tres tipos básicos de piezas artilleras: el cañón, el obús y el mortero.

Las diferencias entre los tres se difuminan y mezclan a veces en algún arma en particular, pero sus definiciones son muy rigurosas:

Un cañón dispara su proyectil a gran velocidad, por lo cual la trayectoria descrita por la granada es tensa.

Un obús del mismo calibre disparará su proyectil a una velocidad inferior, haciéndole describir una trayectoria parabólica en el aire. A fin de conservar esta característica en todos los alcances, el obús está provisto de un cartucho o carga propulsora cuyo tamaño puede variarse.

Un mortero es, estrictamente hablando, cualquier pieza artillera con ángulos de elevación superiores a 45 grados; en otras palabras, una forma especializada de obús. Sin embargo, la mayoría de los morteros son armas de apoyo a la infantería, manejadas por ésta, caracterizadas por cargarse por la boca y por el empleo de una granada de aletas, y ésta es la imagen que acude siempre a la imaginación cuando se mencionan aquellos.


Trayectorias del cañón, obús y mortero.

Adviértase, no obstante, que algunas piezas de artillería se llaman morteros, o se les ha dado ese nombre en el pasado, correspondiendo al estudioso la tarea de examinar detenidamente cualquier pieza denominada así a fin de asegurarse de que no es un obús especial.

Para un calibre dado, el obús disparará generalmente un proyectil más pesado que un cañón, tendrá un alcance más reducido y su peso propio será bastante menor, por la simple razón de que velocidades inferiores exigen menores esfuerzos sobre el proyectil dentro del ánima, de aquí el proyectil más pesado, y esfuerzos más reducidos sobre el propio afuste, de aquí el equipo más ligero.

No me ocupare en este post, más de los morteros de infantería (para otro tema), pero sí digo que los morteros pesados del modelo de retrocarga con ánima rayada, utilizados generalmente como obuses de defensa costera, siguen usualmente la misma regla: proyectil más pesado, menor alcance y pieza más ligera.

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Los cañones y obuses pueden ser además de dos clases: los que utilizan vaina metálica en el cartucho y los que contienen la carga propulsora en un saco de tela.



Cañón Rheinmetall 150/55 mm. Mod 1953 Trubia-1



Obús Sta. Bárbara 155/52 mm. AT - APU


El objeto de la vaina metálica es formar un cierre hermético en el extremo trasero del cañón que evite que el gas generado por el cartucho escape al exterior, dañando el cañón y poniendo en peligro las vidas de los sirvientes.



Vaina

En un cañón con carga de saquete de pólvora, este objetivo se consigue montando una almohadilla elástica dentro del mecanismo de la recámara para conseguir el cierre hermético.



Saquete


El sistema a elegir depende de las preferencias nacionales tanto como de cualquier otro motivo, y se remonta a los primeros tiempos del desarrollo de la artillería.

El sistema de vaina metálica era atractivo, puesto que permitía un diseño relativamente simple del mecanismo de cierre: un sencillo tope, o bloque de cierre de acero que se deslizaba en una entalladura para bloquear la parte trasera de la recámara del cañón, o un tornillo dividido en sectores engranando en muescas practicadas en la parte trasera de dicha recámara.



Bloque de cierre de deslizamiento horizontal


Era, pues, perfectamente aceptable para calibres pequeños.


En calibres mayores, los fabricantes encontraron, sin embargo, dos problemas: primero, el tamaño físico de los topes necesarios y segundo, el difícil problema metalúrgico de fabricar las vainas de latón para los grandes calibres exigidos. Krupp, en Alemania, perseveró en el estudio de estas cuestiones y al final las resolvió a satisfacción de todos, pero en Gran Bretaña y Francia el peso y tamaño de la vaina constituyó un inconveniente importante y se dedicaron intensos esfuerzos a la consecución de una recámara satisfactoria que funcionase con cargas de saco.


Para obtener la misma resistencia de cierre, la recámara de cierre por tornillo no necesita ser tan pesada ni tan sólida como la de cierre por tope y, por tanto, los cañones podían ser más ligeros; también era más fácil el empleo naval de las cargas de saco en los calibres superiores.



Bloque de cierre de tornillo

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Un francés, De Bange, patentó su sistema de «obturación» (palabra que en el léxico artillero alude al cierre hermético de la recámara en los primeros años de los 1880).

En esencia, constaba de un tornillo portador de un cierre fungiforme; entre el tornillo y el cierre había una almohadilla de amianto y sebo que era aplastada hacia el exterior por la presión de la explosión para formar una obturación estanca alrededor de la circunferencia del tornillo.

El sistema de De Bange fue pronto adoptado por casi todos los fabricantes de cañones y aún está en uso, aunque el compuesto de amianto y sebo ha sido sustituido por sustancias más modernas, y menos repugnantes.

No obstante, habiendo obturado la recámara limpiamente era necesario entonces perforar un orificio en toda esta obturación a fin de dar fuego a la carga y asimismo proyectar y montar algún tipo de mecanismo que quedará al extremo trasero del cierre, para disparar al cañón.

A este respecto, según todos los informes, falló la destreza usual de Krupp, que fracasó en perfeccionar un sistema práctico de carga de saco. Fuese así o no, lo cierto es que la artillería alemana ha utilizado casi exclusivamente cargas envainadas y cierres de bloques deslizantes durante toda su historia, aceptando las desventajas de los cartuchos voluminosos y engorrosos, a cambio de la simplicidad de fabricación de la recámara.


Cierre de deslizamiento y proyectil con vaina en un cañón alemán del 88 mm

Con la carga envainada, el encendido del explosivo propulsor es relativamente simple: se dispone un estopín en el centro de la base de la vaina del cartucho, que lleva una cápsula fulminante y una carga de pólvora negra.

Dentro del bloque de cierre de la recámara del cañón existe un percutor accionado por resorte que, cuando se suelta la palanca o gatillo de disparo, percute contra la cápsula, prende la pólvora y de esta manera hace explosionar la carga.

En algunos equipos, la cápsula funciona mediante una corriente eléctrica que pasa por una aguja de contacto que sustituye al percutor.

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En los cañones de carga de saco, el perno central tiene un orificio centrado, obstruido en el extremo posterior por un cierre por bloque en miniatura. Dentro del orificio se halla un estopín diferente, básicamente similar al cartucho utilizado en el fusil.



Carga de saco y cierre de tornillo en un obús de 155 mm. norteamericano

Este estopín, al ser accionado por percusión, proyecta una fuerte llamarada o electricidad a través del orificio de forma que incida contra la carga de saco, inflamándola.


Para facilitarlo, las cargas de saco llevan invariablemente cosida a su extremo una pequeña bolsa que contiene pólvora negra, lo que ayuda a ampliar el encendido del estopín.


El tubo del cañón, en sí, es rayado, es decir, está provisto de estrías helicoidales que comunican una rotación al proyectil cuando éste recorre el ánima, estabilizándolo giroscópicamente de forma que recorra su trayectoria con la punta por delante y con la precisión necesaria.


Las estrías producen esa rotación mediante una banda motriz o de rotación, de metal blando, dispuesta sobre el proyectil y que al disparar éste se adhiere a las mismas.


La rosca o paso de este rayado ha de proporcionar al proyectil la rotación suficiente para estabilizarlo, pero el resto de sus detalles constituye otro de los caprichos del proyectista; la mayoría de las piezas norteamericanas y británicas están rayadas con una rosca de paso constante que efectúa una vuelta completa en 25 o 30 calibres aproximadamente, mientras que la mayor parte de los cañones alemanes usaban un rayado cuyo paso disminuía a medida que se acercaba a la boca con la finalidad de aliviar el esfuerzo rotatorio de la banda en la primera parte de su recorrido, aumentando gradualmente la velocidad de rotación cuando el proyectil ha iniciado su movimiento hacia adelante.


Existen argumentos en favor de ambos sistemas; sin entrar en cálculos profundos, puede decirse que el rayado de rosca uniforme es de más fácil ejecución.

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Debajo del cañón se encuentra la cureña o afuste, la cureña tiene ruedas; el afuste, no.

La primera consta generalmente de un eje con ruedas, un mástil y un soporte.


Cureña de cañón español de 8 libras de 1750

El eje y las ruedas no necesitan explicación; el mástil se extiende hacia atrás y se apoya sobre el terreno para dar estabilidad al cañón y evitar su desplazamiento al disparar; el soporte pivota sobre un eje situado en el mástil o en el eje, para permitir que el cañón se apunte en dirección o se gire a derecha o izquierda.

Dentro del soporte va una cuna sobre cuya parte superior, o a través de ella, se monta el tubo del cañón.

Entre el cañón y la cuna se interpone el mecanismo de retroceso, especie de amortiguador hidráulico construido a base de varios cilindros que contienen aceite y aire o gas comprimido, o incluso resortes.

Unos pistones operan dentro de los cilindros, uniéndose el cañón bien al vástago del pistón, bien a los cilindros; en el primer caso los cilindros forman parte de la cuna; en el segundo, son los vástagos de los pistones los que se unen a ella.






Estas figuras muestran un sistema sencillo de retroceso utilizado en un cañón de campaña. Se emplean dos cilindros conectados entre sí: el superior contiene aceite y se comunica, a través de una abertura, con el inferior, en el que un «pistón flotante» o móvil separa el aceite de un gas comprimido.

Dentro del cilindro superior actúa una biela unida al tubo del cañón. Cuando se dispara éste, el retroceso tira del émbolo que recorre el cilindro superior, empujando el aceite hacia el interior del cilindro inferior y comprimiendo el gas. Esto frena el retroceso y también almacena energía para devolver el cañón a la posición de disparo.

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Cualquiera que sea la forma en que se hagan las conexiones, al disparar el cañón los vástagos se salen de los cilindros, arrastrando a los pistones.

Estos llevan una válvula incorporada por lo que, al desplazarse el émbolo en el interior del cilindro lleno de aceite, éste pasa a través del estrechamiento de la válvula al interior de la otra parte del cilindro.

La resistencia del aceite al pasar por este estrechamiento actúa como freno para el movimiento de retroceso del cañón.

Otro pistón, el recuperador, se utiliza para comprimir aire, gas o un resorte, a fin de almacenar energía y actuar además como un freno adicional al movimiento del cañón.

Finalmente, todo este esfuerzo de frenado vence a la fuerza de retroceso y el cañón queda en reposo; luego el aire, el gas o el resorte comprimido se recupera y, presionando sobre la cabeza del pistón, vuelve el tubo a la posición de disparo.

Existe, naturalmente, un sinnúmero de perfeccionamientos y variaciones de este dispositivo básico, pero las características esenciales permanecen inmutables.

En algunas piezas pesadas se coloca un sistema adicional de amortiguación entre el soporte y el mástil para proporcionar un esfuerzo extra de frenado y reducir la tensión trasmitida a él.



Mecanismo equilibrador.


Cuando el tubo de un cañón tiene los ejes de muñones cerca de la recámara, la masa en voladizo debe contrapesarse de forma que el tubo pueda elevarse y bajarse fácilmente. En este ejemplo, un cilindro neumático proporciona la tracción necesaria.

Entre el soporte y la cuna se coloca un mecanismo que permite elevar el cañón y disparar con diferentes alcances.

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Para que un hombre pueda realizar el esfuerzo necesario para girar el volante de elevación, el cañón ha de estar realmente bien equilibrado en su soporte, pero este equilibrio implica que el cierre baje hasta tocar el suelo cuando se inclina el tubo, a menos que se eleve mucho la cureña sobre el suelo.


Para salvar ese inconveniente, el cañón suele apoyar con sus muñones, los ejes de elevación del mismo, bastante atrasados hacia la recámara, en cuyo caso la pesadez de la boca ha de ser equilibrada mediante un mecanismo de resortes o hidroneumático, a fin de facilitar el accionamiento del dispositivo de elevación.


Los aparatos de puntería instalados varían a tenor de la función que haya de realizar el cañón.


Un contra-carro puede tener un simple telescopio; un cañón de campaña o un obús, que raramente están a la vista de su objetivo, necesitan algo un poco más complicado para poder apoyarse en algún objeto intermedio que les proporcione la dirección necesaria.



Punteria directa con un Pak 75


Los cañones de costa empleaban una variante de puntería directa conocida como mira automática, en la que el propio aparato de puntería actuaba como una especie de telémetro: al apuntar el telescopio al objetivo se transmitía automáticamente al ángulo de elevación correcto para que el disparo diera en el blanco.


Este tipo de mira sólo puede aplicarse a cañones en posición fija, puesto que dependen de la relación entre la altura del cañón y la del objetivo, aunque, desde luego, han de efectuarse ligeras correcciones de vez en cuando según el estado de la marea.


En los cañones antiaéreos, las miras varían desde simples anillos ópticos para disparar sobre aviones en vuelo rasante, pasando por miras que se auxilian de motores con mecanismo de relojería y ordenadores a fin de calcular la corrección del tiro para blancos más rápidos, hasta los cañones pesados, que no tienen aparatos de puntería en absoluto y son apuntados a distancia desde equipos de radar.

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Además de la dirección, es necesario que los aparatos de puntería den al cañón el ángulo de elevación correcto a fin de alcanzar debidamente el objetivo; el principio es muy parecido al del alza de un fusil ordinario: para un alcance mayor, se sube el alza, esto es, se eleva el cañón para que la mira coincida con el blanco.

Para los cañones de fuego directo, contracarro, de costa y algunos antiaéreos, la analogía es exacta, siendo la única diferencia la construcción física debido a la mayor magnitud de elevación necesaria. Para los cañones de campaña y pesados que efectúan tiro indirecto sin estar a la vista de su objetivo, el problema ha de abordarse de forma diferente.


Suponiendo que se conoce el ángulo de elevación necesario para conseguir un alcance dado, lo cual se determina mediante disparos de ensayo y cálculo balístico cuando se diseña originalmente el cañón, lo más fácil es disponer de una especie de nivel de burbuja de aire ajustable unido al cañón.


Fijando sobre un brazo móvil el ángulo de elevación necesario, se desnivela la burbuja en dicho brazo. La elevación del tubo devuelve a la burbuja a su nivel, y al hacer esto correctamente, queda el cañón elevado con precisión.


Por supuesto, esta simple idea, al ser aplicada a las alzas reales, se complica bastante, ya que hay que tener en cuenta varios factores: el cañón puede disparar diferentes tipos de proyectiles, los cuales tienen un alcance ligeramente distinto, y cada uno exige una regulación diferente del alza para el mismo alcance; como el tubo se desgasta por los constantes disparos, disminuirá la velocidad del proyectil y éstos deben ser compensados; la rotación del proyectil a través del aire produce una deriva lateral que hay que tener en cuenta en el aparato de puntería; la pieza, si es un obús, puede estar provista de varias cargas propulsoras diferentes, exigiendo cada una un ángulo de elevación distinto para el mismo alcance.


Todos estos factores, y más, han de considerarse cuando se proyecta la mira, sin merma de la simplicidad del conjunto, de forma que el apuntador no tenga que perder una hora manipulando entre disparo y disparo.


Esto es todo lo que es preciso decir sobre el cañón. Hay, sin embargo, una escuela de pensamiento que mantiene que el cañón es simplemente un método de propulsión o transporte y que el arma real es el proyectil que descarga. Algo hay de cierto en ella, así que quizá esté indicada aquí una breve excursión al campo de la munición.

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Hay dos tipos de proyectiles: perforantes y rompedores.


Los perforantes son sólidos y duros y confían en su impacto para dañar el objetivo.


La granada perforante penetra de forma similar al proyectil macizo, pero hace explosión después de atravesar el blindaje y de esta forma produce una destrucción mayor dentro del carro.


La granada usa una punta roma, forma que eligen algunos proyectistas puesto que es menos probable que rebote con ángulos de incidencia elevados. Una falsa ojiva de lámina metálica delgada proporciona una buena forma balística durante su trayectoria.



Perforante



Macizo



Penetración de un proyectil macizo

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Los de carga hueca, el proyectil de carga hueca transporta una carga de explosivo rompedor (alto explosivo) con un revestimiento cónico de cobre en la parte frontal y una falsa ojiva sencilla para proporcionar la forma balística necesaria.


Cuando actúa la espoleta del culote, al chocar contra el objetivo, el revestimiento de cobre se deforma, como muestran los dibujos sucesivos, produciéndose un potente chorro que perfora la plancha del objetivo y lanza un haz de llamas y gases calientes hacia el interior de donde ha penetrado



Carga hueca.


Los rompedores son huecos y llevan en su interior algún alto explosivo u otra substancia capaz de producir el efecto táctico deseado: productos químicos fumígenos bengalas luminosas, llamaradas coloreadas, agentes incendiarios, panfletos de propaganda, gas venenoso, etc.


Todos los cañones se suministran con una granada de alto explosivo, que para la mayoría de ellos está considerada como proyectil normal, o sea, aquél para el que se proyectó el cañón originalmente.


De hecho, en la mayor parte de los casos es lo primero que hay que proyectar; la autoridad militar competente se dirige, al ingeniero de artillería y solicita un efecto letal y un alcance específico.


El ingeniero proyecta entonces una granada rompedora que proporciona estas características si se la provee de una carga propulsora de potencia adecuada, y luego se diseña el cañón, prácticamente adaptado a dicha granada.


Inevitablemente, se halla que el cañón es demasiado pesado, demasiado largo, demasiado caro y demasiado engorroso... y comienza la larga tarea de reconciliar todos los requisitos en conflicto. Pero la cuestión gira en torno a la granada, a su alcance y a su capacidad letal.


La granada rompedora básica de alto explosivo es exteriormente muy sencilla: se trata de un cuerpo de acero de tamaño adecuado, lleno de un explosivo apropiado y provisto de una espoleta.


Pero existen complicaciones ocultas; el dispositivo ha de dispararse con un cañón, lo que significa una aceleración de más de 50.000 veces la de la gravedad (50.000 «g»), de suerte que ha de ser lo bastante fuerte para no hundirse sobre sí mismo al ser sometido a tal empuje; el explosivo debe ser lo suficientemente inerte para resistir esta aceleración, pero lo bastante sensible para detonar eficientemente en el objetivo y disgregar la granada en un gran número de fragmentos mortíferos.


Y desde luego, debe ser barato, de un material disponible, fácil de fabricar y capaz de ser almacenado durante años sin perjudicarse.

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Una de las ideas erróneas más corrientes, que espero aclarar ahora, es lo que el personal situado en las proximidades de la detonación de una granada rompedora de alto explosivo resulta herido por el shrapnel.



Proyectiles de shrapnel.


No es así: la granada de shrapnel pertenece a un tipo específico, que no es ni el de alto explosivo ni el perforante; es hueca y porta en el interior de su envuelta una gran cantidad de bolas de plomo sobre una placa impulsora, debajo de la cual hay una carga de pólvora.


En su cabeza lleva una espoleta de tiempos, regulada para funcionar cuando el proyectil llega a un punto en el aire situado sobre la cabeza del enemigo; al actuar, esta espoleta lanza por un tubo central una llamarada que provoca la explosión de la pólvora, con lo cual sube la placa impulsora y se disparan las bolas de plomo hacia el exterior por la parte frontal.


De esa manera, el efecto es el mismo que si se descargara una escopeta de caza sobre la cabeza del enemigo, ametrallándole con una lluvia de bolas de plomo.



Efecto del proyectil shrapnel.


Los soviéticos todavía utilizaron shrapnel durante la Segunda Guerra Mundial en los cañones de campaña, pero fue la única nación que lo hizo.


Los cañones antiaéreos británicos y alemanes llevaban unas pocas granadas shrapnel para emplearlas contra los aviones en vuelo rasante y Alemania introdujo posteriormente un proyectil shrapnel lleno de pastillas incendiarias, en lugar de bolas de plomo, para atacar a los aviones.


Excepto en estos casos, no se ha empleado granadas shrapnel desde la Guerra Civil Española.

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Los otros proyectiles, de humo, gas, bengalas, llamaradas, etc., se agrupan bajo la denominación general de granadas «portadoras», por tratarse simplemente de medios para llevar el contenido hasta el objetivo.


La de tipo más sencillo, la granada «explosiva», es similar a la de alto explosivo, pero está llena de un agente químico, fósforo blanco en las de humo, napalm en las de efecto incendiario, etc., y lleva además en un tubo central una pequeña carga de explosivo, exactamente el suficiente para romper la envuelta y descargar el contenido.


Un sistema más complejo es el de «expulsión por la base» iniciado por la granada de humo británica de 25 libras (1T34 kg) y adoptada desde entonces por muchas otras naciones.


El funcionamiento es muy parecido al del shrapnel, pero con la diferencia de que el proyectil lanza botes de humo que caen sobre el suelo.


El humo producido es más frío que el debido al fósforo blanco y de esta forma se agarra al terreno y constituye una cortina mejor para ocultar los movimientos de tropas, aunque con la granada necesita una espoleta de tiempos en lugar de la simple espoleta de percusión que es suficiente para los tipos explosivos.


La espoleta constituye en sí misma un tema de estudio muy complejo, pero se puede describir, en términos generales, como un dispositivo que asegura que el proyectil funciona de la forma adecuada en el momento preciso y no antes.


La mayoría de las granadas de alto explosivo están equipadas con una espoleta de percusión, de forma que cuando el proyectil hace impacto en el blanco es impulsada una aguja contra un fulminante o detonador, que provoca la ignición del explosivo.


Teniendo en cuenta los aspectos de la manipulación y disparo en la vida de un proyectil, es evidente que será preciso instalar algunos dispositivos de seguridad para asegurarse de que, por ejemplo, la caída de dicho proyectil en su ruta hacia el cañón no producirá su explosión; pero estos mecanismos de seguridad deben ser tales que puedan ser desbloqueados por la acción del disparo, de forma que la espoleta se halle en un estado adecuado para funcionar cuando llegue al objetivo.


En los casos en que se aumenta el efecto del proyectil haciéndolo penetrar en el objetivo como ocurre, por ejemplo, cuando se ataca un edificio, puede usarse una espoleta de percusión con un pequeño retardo para retrasar la detonación durante unas milésimas de segundo, hasta que el proyectil se encuentra en la mejor posición.


De forma similar, los proyectiles perforantes para atacar blindados o fortificaciones se fabrican con una aguda punta penetrante y con una espoleta de retardo instalada en su culote.

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A veces conviene hacer estallar una granada de alto explosivo en el aire sin que haga realmente impacto en un objetivo. Tal ocurre en el ataque sobre aviones, en el que es relativamente fácil colocar una granada a distancia letal del blanco, pero mucho más difícil obtener un impacto directo.


En artillería de campaña, a menudo interesa hacer detonar el proyectil sobre la cabeza del enemigo a fin de que los fragmentos proyectados hacia abajo alcancen los pozos de tirador y caigan detrás de los obstáculos. Estas explosiones se consiguen equipando la granada con una espoleta de tiempos, que regula el sirviente antes del disparo para que detone en un instante escogido, cuando el proyectil esté en la posición deseada.


Las espoletas de tiempos pueden ser de combustión, en las que el cronometraje se efectúa quemando un reguero de pólvora de longitud ajustable, o mecánicas, en las que un robusto mecanismo de relojería realiza la medida del tiempo.

Durante la Segunda Guerra Mundial se desarrolló un tercer tipo, la espoleta de proximidad, que detecta realmente la proximidad del objetivo y hace detonar el proyectil a la distancia letal correcta. Puede ser accionada por radio o por medios fotoeléctricos.


El proyectil es impulsado hasta el objetivo por la explosión, dentro de la recámara del cañón, del cartucho o carga propulsora.


En las armas ligeras, la carga (de pólvora sin humo) está contenida dentro de una vaina metálica del cartucho, generalmente de latón, que no sólo contiene la carga sino que, como acabo de expone, obtura también el extremo de la recámara.


A fin de proporcionar un cierto grado de flexibilidad, algunos cartuchos tienen las car-gas propulsoras divididas en varias zonas, cada una dentro de su propio saco de tela, de modo que el artillero pueda ajustar dicha carga.


Con tal disposición es posible escoger la trayectoria y elegir entre un recorrido parabólico del proyectil, como el de un obús, o, empleando la carga máxima, una trayectoria tensa para dar una gran velocidad y efecto de impacto en caso de fuego directo sobre las defensas. Cuando los cañones tienen un cometido principal, tales como los contra-carro y los antiaéreos, no son necesarias las cargas ajustables, y proyectil y cartucho se unen generalmente formando la munición fija de una pieza, con la consiguiente aceleración de la cadencia de tiro.


Las piezas más pesadas en los ejércitos británicos y norteamericano, utilizan cargas de saco en las que la pólvora sin humo está contenida en un saco de tejido de seda.


También estas pueden subdividirse para variar la carga si fuera necesario. La línea divisoria entre las cargas en vainas y en sacos se encuentra en el calibre de cinco pulgadas (127 mm) aproximadamente; por debajo del mismo se prefieren las vainas y por encima, los sacos.







Fuentes, La Artillería del Siglo XX , por Ian Hoog de Libsa y Los Cañones de 1939 – 1945, mismo autor, editorial San Martin.
Imágenes, las mencionadas en fuentes,archivos personales y Bundersarchiv

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Por si aporta algo más a lo aquí dicho, traigo a este foro lo que escribí, en su día, en otro.

Diferencias entre mortero, obús y cañón

La verdad es que siempre ha habido confusión entre unos y otros, y esta confusión, lejos de disminuir, se mantiene en la actualidad. No existe un criterio uniforme y, a demás, varía según el punto de vista sea el de un artillero, o el de un infante.

Voy a tratar de explicarlo con los conceptos que me enseñaron - y yo manejé- cuando era Oficial de Complemento de Artillería, a comienzos de los 70 (con algún aditamento mío).

1) Tiro tenso

Vamos a centrarnos en las armas que disparan proyectiles sin propulsión propia (tanto si se trata de armas de fuego, como de las anteriores de cuerda: arcos y ballestas).
En todas ellas, los proyectiles describen una trayectoria parabólica que les lleva indefectiblemente al suelo.
Cuando esta trayectoria es muy larga (es decir, la parábola tiene poca curvatura) se dice que estamos ante un arma de tiro tenso. Tanto más tenso es el tiro cuanto, a igualdad de ángulo de elevación, recorre más distancia horizontal antes de caer a tierra.
El mosquetón Mauser 1943, de 7,92 mm, era mucho más tenso que los diferentes CETMEs posteriores. Y, por tanto, mucho más preciso.

2) De qué depende la tensión del tiro

Depende de los siguientes factores (no todos intervienen con igual intensidad):
a) peso del proyectil;
b) velocidad a la que sale por la boca del arma;
c) longitud del tubo del arma, en relación al diámetro del proyectil;
d) giro propio del proyectil, que tiene que ver con el tipo del rayado interior del tubo (este giro, además, hace que el proyectil se desvíe lateralmente, como consecuencia del "efecto geostrófico", o "aceleración de Coriolis", que no voy a explicar, de momento).

Podemos decir que, a igualdad de características del proyectil (peso, carga de impulsión, y forma), la curvatura parabólica mayor o menor dependerá, principalmente, de la longitud del tubo en su relación con el diámetro del proyectil.

3) Criterios para clasificar las piezas de Artillería en función de la tensión del tiro

Pieza de Artillería es toda arma de fuego no personal, debido a su peso y envergadura.
Hoy día, esta definición no acaba de aclarar si los lanzacohetes de uno o dos soldados (y los morteros de Infantería) son armas de Artillería o no. Para unos, son armas de Artillería ligera; para otros, armas pesadas de Infantería.
En mi opinión, es mejor darlos el nombre que le dan en el Arma que los utiliza: así, los que emplea la Infantería serán armas no individuales (o pesadas) de Infantería (mejor que "artillería ligera"), y los que utiliza la Artillería, piezas de Artillería (la palabra "pieza" engloba también las lanzaderas de misiles).

Como hemos dicho que, a igualdad de características del proyectil, la tensión del tiro depende, principalmente, de la longitud del tubo, todas las armas objeto de este hilo (es decir, armas de proyectiles no autopropulsados, tanto las pesadas de Infantería, como las piezas de Artillería) pueden clasificarse en morteros, obuses y cañones en función de la longitud de dicho tubo, que es lo mismo que decir en función de que el tiro sea, respectivamente, poco tenso, medio, o muy tenso.

Al hablar de la longitud del tubo, hay que hacer las siguientes consideraciones:
a) La longitud del tubo es la del ánima, sin incluir la recámara
b) La longitud del tubo, como ya hemos dicho, produce una tensión de tiro diferente según el proyectil. Por eso, es necesario emplear un sistema que agrupe los dos criterios en uno. Esto se consigue haciendo la simplificación de que el calibre del proyectil es una medida aproximada de sus demás características (forma, peso, etc), aunque no sea del todo cierto.

Por lo anterior, las piezas de artillería de proyectil no autopropulsado (no misil) se definen por una combinación de dos números, del tipo: nnn/xx.
El primero, (nnn) es su calibre en mm (es decir, el diámetro interior del tubo). El segundo (xx), expresa la longitud del tubo pero en número de veces del calibre. Así, un 35/90 expresaría un calibre de 35 mm y una longitud del tubo de 90 veces 35 mm (=3.150 mm = 3,15 m). El famoso Krupp FLAK 8,8 tenía un calibre de 88 mm; hubo varios modelos con diferente longitud de tubo, siendo el más conocido el de 56 veces 88mm (= 4.928 mm = 4,92 m).

4) Clases de piezas en función de la tensión del tiro: el mortero

Las armas que producen un tiro muy poco tenso, es decir, una parábola muy acusada, se llaman morteros. Como el tubo es muy corto en proporción a su calibre, también se podría decir que todo arma nnn/xx cuyo "xx" sea inferior a un cierto número (normalmente, 10 a 12; no hay un criterio uniforme), son morteros.
¿Para qué es útil un tiro poco tenso?. Para batir, en distancias cortas (hasta unos 4 o 5 km) zonas desenfiladas del fuego.
Los morteros disparan con un ángulo de elevación muy alto, normalmente >45º. En el lenguaje normal se dice que disparan en el 2º sector (entendiendo que el 1º va de 0º a 45º de elevación, y el 2º, por encima de 45º). No hay que confundir estos sectores (de elevación) con otros sectores que se utilizan sólo en Artillería Antiaérea, que son los sectores horizontales, empezando girando a la derecha desde la posición de reposo del arma: 1º sector (0 a 90º); 2º (90 a 180º), 3º (180 a 270º) y 4º (de 270 a 360º).
Los blancos típicos del mortero también podrían batirse con armas de tiro más tenso, pero habría que darlas un ángulo excesivo de elevación; la trayectoria del proyectil sería muy larga, pero su distancia proyectada en la horizontal, muy corta. Estaríamos (y nunca mejor dicho) "matando pulgas a cañonazos".
Al tratarse de blancos relativamente cercanos (no "profundos"), son blancos típicos de Infantería (la definición de la Artillería dice que ésta es el arma de los "fuegos potentes, profundos, y precisos"). Y por eso hoy día el mortero es un arma de Infantería. pero no ha sido siempre así. A lo largo de la historia, los morteros empezaron siendo arma específica de Artillería, y aún los tenía a principios del siglo XX.


5) Clases de piezas en función de la tensión del tiro: el obús
El obús tiene un tiro más tenso que los morteros. Pero, aunque puede disparar en cualquier elevación, sus ángulos de elevación típicos están por encima de 45º.
Su alcance horizontal es mucho mayor al del obús.
Su longitud del tubo ("xx") suele ser: mínimo: 12; máximo: 46 (aproximadamente; no hay un criterio uniforme).
Sus blancos suelen ser distancias medias (6 a 30 km).
Sus calibres son de tipo medio: desde 75mm hasta 155mm
Hoy día es un arma típica y exclusiva de la Artillería.
A esta categoría pertenecen las piezas de montaña 105/14, y las históricas de campaña 105/26, 155/26.

6) Clases de piezas en función de la tensión del tiro: el cañón

Es el arma de tiro más tenso, y puede tener calibres muy variados: desde los menores (normales en Infantería y en Artillería Antiaérea) hasta los más pesados (aún en servicio en Artillería de Costa).

En Infantería pesada, se utilizan calibres, actualmente, desde 75 mm hasta 120 mm, y longitudes desde 44 calibres (el Leopardo monta cañones 120/44 y 120/55).

En Infantería contracarros, la tendencia actual es utilizar lanzacohetes, e ir sustituyendo paulatinamente el parque de cañones.

En Artillería Antiaérea y en las funciones antiaéreas en la Marina, se va a armas automáticas de gran cadencia de tiro y pequeño calibre. El más emblemático ha sido, durante muchos años, el Bofors 40/70 (yo llegué a mandar una batería de este arma); en la actualidad, es el 35/90.

En Artillería de campaña, los cañones más típicos son 105/55, y los de 155 y 203 de varias longitudes. Los alcances máximos están alrededor de los 50 km.

En Artillería de costa, y aunque la tendencia es sustituir todos los cañones por misiles, aún quedan en servicio en España piezas de alguno de los siguientes calibres, que fueron los clásicos de la Artillería de costa durante más de 60 años: 15,24 (en realidad, 152,4/50), 30,5 (en realidad, 305/50) y 38,1 (en realidad, 381/45). Estas terminologías se deben a que en esta variedad de Artillería aún se utilizaba, aunque no es oficial, el sistema vigente a principios del s.XX, que no expresaba el calibre en mm ni añadía la longitud del tubo.
Estas piezas, junto con las de 250mm, han sido también típicas de las unidades navales fabricadas hasta los años 1960s.
En la actualidad, la Artillería de costa e basa, principalmente, en baterías móviles de piezas de 155/52 (en su versión remolcada) y en misiles.

7) Conclusiones

a) Aunque la clasificación es bastante flexible, y está sujeta a evolución continua, se puede hablar hoy día de morteros, obuses, y cañones basándonos en el número de calibres del tubo.
b) Como se ve, las piezas clásicas de Artillería tienen hoy día usos muy diferentes, por lo que deben estudiarse, en cada caso, a través del Arma que las utiliza.
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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)
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Conocimientos Básicos sobre la Artillería

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